jueves, 15 de junio de 2017

El declive de la atención en las adicciones

En los últimos años se ha abierto un debate con respecto a la conceptualización y el abordaje de las adicciones. Por un lado, se encuentran los profesionales que, tras años de trabajo en este campo, tienen una visión integral y atribuyen los problemas de drogas a un conjunto de factores biológicos, psicológicos y sociales. Y, por otro lado, en los últimos años ha cobrado fuerza un enfoque reduccionista que considera la adicción como una enfermedad cerebral crónica y con recaídas.
A consecuencia de este debate, la Red por un Enfoque Integral en las Conductas Adictivas (REICA), de la que forma parte el Consejo General de la Psicología (COP), se ha pronunciado al respecto, reclamando al Gobierno una atención integral desde el enfoque biopsicosocial para los problemas de adicciones en nuestro país.
Ante una problemática tan compleja, Infocop ha querido dedicar esta sección de En Portada a repasar las bases científicas sobre las que se sustenta el abordaje de las adicciones, así como a los intereses y consecuencias que se derivan de cada uno de los modelos de intervención.
El modelo biopsicosocial surge en la década de los 70, en contraposición al pensamiento lineal causa-efecto del modelo biomédico, asumiendo como causa un conjunto de elementos que interactúan entre sí, y estableciendo una relación de interdependencia entre las partes. Fue el médico George Engel quien propuso este modelo, condenando el reduccionismo al que se veían expuestos problemas complejos como los trastornos mentales.
En esencia, el modelo biopsicosocial plantea que los factores biológicos, psicológicos y sociales, juegan un papel importante en el desarrollo de enfermedades, trastornos o problemas psicológicos, en este caso las adicciones. De esta forma, los seres humanos son conceptualizados como sistemas complejos, lo que implica que las adicciones son causadas por múltiples factores y no por un factor único. Este modelo afirma que son los factores genético/biológicos, psicológicos y socioculturales, los que contribuyen al consumo de sustancias y todos ellos deben ser tenidos en cuenta para la prevención y el tratamiento de las mismas.
En concreto, el componente biológico busca causas de la adicción derivadas del funcionamiento del organismo, como por ejemplo la genética o la estructura cerebral; el componente psicológico estudia causas como la falta de auto-control, la confusión emocional o los pensamientos negativos, entre otras; y el aspecto social investiga cómo los diferentes factores sociales, como por ejemplo el nivel socioeconómico, la cultura, la pobreza, la tecnología o la religión, pueden influir en las conductas adictivas (ver el esquema de la siguiente figura: Representación gráfica del tipo de variables implicadas en el modelo biopsicosocial, tomada del documento elaborado por la Comisión Nacional de Formación Asociación Proyecto Hombre, 2015).

En contraposición al modelo biopsicosocial, se está extendiendo el modelo de enfermedad que considera la adicción como una enfermedad cerebral crónica y recidivante, lo que implica tratar la adicción como cualquier otra enfermedad crónica, como por ejemplo, la diabetes o las enfermedades del corazón, de modo que no debería buscarse la curación, sino el manejo de las inevitables recaídas.
Sin duda, la entidad que más ha contribuido al desarrollo, expansión y financiación de este modelo reduccionista, ha sido el NIDA norteamericano (National Institute on Drug Abuse), que, con su defensa de la adicción como una enfermedad crónica del cerebro, ha conseguido convertir una hipótesis buscada incansablemente, en un dogma sin demostrar empíricamente.
De esta forma el NIDA define la adicción como “una enfermedad crónica del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y el uso compulsivo de drogas, a pesar de las consecuencias nocivas”. Aunque considera el inicio del consumo de drogas como algo voluntario, supone que su uso conlleva cambios cerebrales irreversibles, que afectan al juicio, toma de decisiones, conductas compulsivas y destructivas. También defiende la predisposición genética de la adicción, sin embargo, reconoce que no hay un solo factor que determine quién va a ser adicto; y asume que con frecuencia el uso de drogas lleva a la aparición de distintos trastornos mentales (la denominada patología dual). Por otro lado, a pesar de insistir en la cronicidad y el proceso de recaída, considera la adicción como una enfermedad tratable, que recomienda que se aborde con una combinación de medicamentos (aunque para la mayoría de las drogas no hay tratamientos farmacológicos eficaces) y terapia conductual. Todo ello, en torno a la afirmación de que el uso persistente de una droga produce cambios a largo plazo en la estructura y la función cerebral.
En resumen, el modelo reduccionista considera la adicción como una enfermedad crónica del cerebro, caracterizada por la recaída, en un contexto social, con un claro componente genético, con significativas comorbilidades con otros trastornos físicos y mentales.
Tal y como explica detalladamente Becoña en su artículo publicado en la revista Papeles del Psicólogo (2016), este modelo defendido por el NIDA aparece claramente reflejado en el DSM-5 y su conceptualización del Trastorno por Consumo de Sustancias. Esta última versión del manual introduce importantes cambios con respecto al DSM-IV, lo que ha provocado que caiga en desuso, ante la evidencia de que su última versión responde más a intereses comerciales que científicos, y que ha sido elaborado por supuestos expertos que, en una inmensa mayoría de los casos, tienen vínculos estrechos con la industria farmacéutica.

En este contexto, es evidente que la financiación de la investigación ha estado sesgada, promoviendo estudios en busca de fármacos útiles para el tratamiento de la adicción y en busca de pruebas de neuroimagen que pudieran demostrar los cambios estructurales cerebrales que se asumen desde este modelo, sin mucho éxito hasta la fecha.
Sin embargo, frente a este empeño por hacer imperar un modelo con escasa base científica, son numerosas las voces dentro y fuera de nuestro país que se han alzado para denunciar una campaña, cuyos mayores damnificados son los propios usuarios, aportando pruebas inequívocas de que el modelo de enfermedad cerebral es “científicamente inválido, peligroso, socialmente inaceptable y perjudicial para los adictos” (Puerta y Pedrero, 2017). En concreto, algunos ejemplos de profesionales que están luchando por contrarrestar la postura del NIDA son: la Addiction Theory Network, algunas de las Agencias de Salud de Estados Unidos que están promoviendo un modelo de intervención centrado en el paciente, o la REICA desde nuestro país.
Aunque la extensa investigación financiada por el NIDA ha logrado confirmar algunas de las suposiciones del modelo de enfermedad cerebral, para poder demostrar la autenticidad de un modelo, no basta con la acumulación de pruebas que lo avalen (que además en este caso son pocas), sino que se debería conseguir que no haya pruebas que la refuten, tal y como argumentan Puerta y Pedrero (2017). A continuación, se mencionan brevemente algunos de los argumentos y estudios basados en la evidencia científica, que rebaten las afirmaciones del modelo de enfermedad cerebral para las adicciones.
En primer lugar, existen numerosos datos que demuestran que la adicción no es crónica, sino que es un proceso recuperable. Se ha observado que un porcentaje muy alto de adictos (no menos del 80%, según encuentra Heyman en una revisión de los estudios epidemiológicos estadounidenses, 2013), se recuperan de su adicción; es más, el 75% de los que dejan el consumo, lo hacen de forma espontánea, es decir sin ningún tipo de ayuda (Carballo, Fernández-Hermida, Secades-Villa, Carter, Dum y García-Rodríguez, 2007). De hecho, se ha comprobado que una de las principales causas de recaída y cronicidad es, precisamente, creerse el modelo de enfermedad: el hecho de que el paciente crea que nunca se va a recuperar por completo, le lleva a interpretar que los cambios no dependen de sí mismo.
En segundo lugar, se han encontrado cuantiosos argumentos que refutan la tesis de que los cambios estructurales que sufre el cerebro se puedan considerar una prueba del modelo reduccionista. Es un hecho que el cerebro, gracias a su plasticidad, sufre cambios estructurales, unos temporales y otros permanentes. Sin embargo, dichos cambios no son exclusivos de personas drogadictas, sino que se observan también en personas con otro tipo de conductas adictivas sin sustancia (como el juego patológico, el juego online o la adicción a comer), o incluso en aquellos que han sufrido cualquier experiencia vital intensa. Esto demuestra que los cambios cerebrales no son causa-efecto en las adicciones, sino que pueden deberse simplemente a la experiencia, o a otras condiciones aledañas a la adicción, como la pobreza (Lipina, y Posner, 2012) o la mala alimentación (Pfefferbaum, Adalsteinsson, y Sullivan, 2006). De hecho, a partir de dos pruebas de neuroimagen cerebral, no se puede determinar cuál de ellas corresponde a un adicto y cuál no. Es más, también se ha observado que los déficits asociados a la adicción tienden a revertir con la abstinencia, lo que implica que el cerebro no queda irreversiblemente dañado por las sustancias (Bartsch et al, 2007; Bühler y Mann, 2011).
En tercer lugar, también es fácil poner en duda la base genética de adicción defendida por el modelo reduccionista. A pesar de la cantidad ingente de estudios que se han dedicado a ello, no hay ningún hallazgo que permita predecir a partir de las pruebas de ADN quién es o será adicto. La predicción genética, con respecto a la adicción, es igual que una simple historia familiar de consumo.
En cuarto lugar, los datos muestran que, con mucha frecuencia, los adictos no tienen otros trastornos mentales, por lo que hablar de "patología dual" no está justificado. Se ha comprobado que la sintomatología psicopatológica es máxima en los momentos iniciales del tratamiento, pero empieza a descender rápidamente y lo hace de forma continuada a medida que se consolida la abstinencia, alcanzando tras unos meses (entre 3 y 6), niveles de normalidad en la mayor parte de los casos (Pedrero, Puerta, Segura y Martínez, 2004). A causa de la asunción, por parte de los defensores del modelo de enfermedad, de que el adicto no es un enfermo solo por consumir drogas, sino que además presenta otra patología mental o cerebral, se han creado numerosas etiquetas asociadas al consumo de drogas. Esta perspectiva, sumada a la cronificación de la adicción, lleva inevitablemente al consumo de fármacos de por vida, sin importar las consecuencias que ello conlleva para estas personas.
Por último, y viendo todo lo expuesto, vemos que se está procurando una medicalización extrema de las adicciones, incluso en los casos (la mayoría) en los que no está justificada. Todo ello, a pesar del estrepitoso fracaso en el desarrollo de tratamientos farmacológicos, teniendo en cuenta la cantidad de dinero y esfuerzos invertidos.
Todos estos argumentos no implican que no se reconozca el papel que tiene la parte biológica del individuo en tener o no una adicción. Lo que queda suficientemente demostrado es que no es la única “causa”, ni es posible explicar todos los aspectos de la adicción sólo a través de la biología.
Aunque este movimiento reduccionista de la adicción surge en EE.UU., la situación en nuestro país es muy parecida. Se está extendiendo la idea de que la adicción es una enfermedad, reforzada por intereses económicos, con el consiguiente riesgo para los usuarios adictos.
Fue en el año 1985, ante el incremento de las drogodependencias y como respuesta a la alarma social imperante, cuando en España se pone en marcha el Plan Nacional sobre Drogas, que se crea en torno al planteamiento de que la adicción es un problema de salud tanto individual como pública, que no se puede abordar sin contar con los factores sociales que lo condicionan.
De este modo, la red asistencial española se creó desde una perspectiva integral en la que los dispositivos asistenciales acompañaban el tratamiento psicosocial, con una exhaustiva evaluación y tratamiento de las complicaciones biológicas asociadas al consumo. Durante años, este modelo flexible ha estado dando una respuesta efectiva a las necesidades de nuestro país, con unos niveles de calidad muy buenos. Además, la visión de las adicciones desde una perspectiva biopsicosocial, ha permitido incluir intervenciones preventivas en España, que han contribuido a reducir considerablemente la prevalencia de personas con adicción.
Sin embargo, en los últimos años, gracias a la proliferación de defensores del modelo de enfermedad, estamos viviendo el declive paulatino de la red asistencial española de las adicciones: se está justificando la desaparición de las redes especializadas, ajenas a esta visión limitada y parcial, y se pretende reubicar de forma exclusiva el tratamiento de los drogodependientes en la red psiquiátrica estándar. Estos cambios se han ido dando en un entorno de crisis y recortes, amparándose además en la existencia de la, ya comentada, patología dual.
Aunque se carece de publicaciones con datos concretos que cuantifiquen las consecuencias que está teniendo el modelo de enfermedad en el cambio asistencial de nuestro país, son numerosos los profesionales que afirman que, ante la demanda de atención, se están adoptando alternativas de tratamiento sin tener en cuenta la evidencia científica. Por ejemplo, Domingo Comas (2017), doctor en Ciencias Políticas y Sociología, en su artículo relata una imagen desoladora de la asistencia a drogodependientes causada por la desaparición de los programas de intervención de carácter integral y biopsicosocial, lo que conlleva una carencia de recursos reales para las personas con trayectorias graves de dependencia. Según la experiencia diaria de Comas, aunque todavía sobreviven algunos centros especializados en drogodependencias, habiendo desaparecido por completo en algunos territorios españoles, los profesionales que pretenden hacer una intervención integral de carácter biopsicosocial, carecen de los medios y los apoyos para atender las necesidades de los usuarios. Aunque en los planes de algunos dispositivos aun figura que trabajan desde esta perspectiva, el trabajo real de en los últimos años se ha convertido en una pelea por demostrar que ciertas actividades básicas son necesarias para la intervención.
En definitiva, queda demostrado que el modelo biopsicosocial, que tiene en cuenta los factores biológicos, psicológicos, culturales, sociales e individuales, es el modelo que, de forma más rigurosa y lógica, atiende las pruebas científicas sobre la naturaleza de la adicción. Son muchas las aportaciones de la psicología en la comprensión, evaluación, prevención y tratamiento de las adicciones; destacando, por ejemplo, las técnicas motivacionales, las técnicas de deshabituación psicológica o las técnicas de prevención de la recaída, entre otras (Becoña, 2016). Evidentemente, nuestra formación profesional nos lleva a entender al ser humano de modo integral, no parcializado ni reduccionista.
Tal y como proclama la REICA en su documento, es imprescindible que se mantenga una atención especializada, centrada en la persona y en su desarrollo, desde un enfoque integral biopsicosocial. Si queremos abordar de forma adecuada el problema social e individual de las drogadicciones, hay que luchar por conservar “una red asistencial amplia y flexible, con la participación de organizaciones sociales, internacionalmente reconocidas, en permanente adaptación a una realidad cambiante”. De la misma forma que “se deben continuar impulsando programas preventivos multicomponentes e intersectoriales que promuevan la implicación de las familias, la escuela, las empresas y centros de trabajo y la sociedad en su conjunto”.


Fuente: Infocop
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lunes, 12 de junio de 2017

Negar el placer es una mala política preventiva de adicciones


Las conductas que son premiadas con el placer no se eliminan exclusivamente con el miedo, las normas y las prohibiciones. Intentar comprender y, en su caso, modificar las conductas de las personas sin tener en cuenta las emociones positivas, la satisfacción y las mil maneras que adopta el placer, incluida esa que llamamos felicidad, es vivir fuera de la realidad.
Hay dos cosas que enturbian el debate sobre prevención y placer. La primera, un concepto erróneo de hedonismo que lo identifica con el placer inmediato y el exceso, y la segunda, que en materia de drogodependencias seguimos instalados en una ideología puritana: si negar el placer es una mala estrategia preventiva, estigmatizarlo es aún peor. No ocurre así en otros sectores, como la publicidad, que comprendió hace tiempo la importancia de las emociones positivas.
Hedonismo y epicureísmo
Aunque la palabra placer no aparece por ninguna parte en los programas de prevención, el término "hedonismo" figura como factor de riesgo en demasiados textos preventivos. Sin ir mas lejos, la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016 no menciona ni una sola vez el placer, pero la palabra problemas aparece 36 veces. La conclusión es simple: si solo prestamos atención a los problemas, solo encontraremos problemas, ya sea investigando o diseñando programas. La idea de un placer ciego y sin medida es una tergiversación del hedonismo en cualquiera de sus variantes filosóficas. Seguramente la modalidad más conocida de hedonismo sea el epicureísmo, en ella se distingue entre los placeres físicos y espirituales, se reconoce el valor de la moderación y del equilibrio y se apuesta por una adecuada gestión del placer en la búsqueda de la felicidad. Epicuro daba mucha importancia a la amistad y al placer de la conversación, entendida como algo más que intercambiar bits informativos.
Qué dicen los jóvenes
Cuando preguntamos a los jóvenes sobre el consumo de alcohol y drogas, mayoritariamente responden en una línea epicúrea: placer sí, pero sin perder el control ni hacernos daño a nosotros mismos ni a otros. En un estudio etnográfico reciente llevado a cabo en la Comunidad de Madrid, los jóvenes de entre 16 y 27 años manifiestan que lo que buscan cuando salen de marcha es aumentar la sensibilidad, potenciar las relaciones, desinhibirse y romper con la rutina de la semana; "Coger el puntillo" o "descontrolar controladamente", según sus propias palabras. No buscan el "desfase", ni el "colocón", ni "descontrolar", aspectos todos ellos que consideran negativos. De hecho, califican de "pasados", "desfasados", "paposos" o "violentos" a los que lo practican. En definitiva, sus testimonios hablan del deseo de administrar el placer sin perder el control (otra cosa es cuántos los consiguen), con la única excepción de pertenecer a algún grupo minoritario que fomente o justifique el desfase y el exceso. En relación con los valores de los jóvenes y sus consumos, se puede visitar este documento, particularmente lo que dice sobre el grupo incívico/desadaptado.
El exceso y la adicción no se relacionan con el placer, sino con la ansiedad.A muchos niños pequeños le gustan los pasteles, pero tienen que aprender que, por comerse una docena, no disfrutarán más. El placer acabará pronto y el malestar lo sustituirá. Quien a pesar de pasarlo mal y de sufrir indigestión se engancha a esos excesos no lo hace por placer, sino por otro motivo... Puede ser que no le enseñaran a comer pasteles cuando era pequeño, que asociara pasteles con afecto -y cuando necesita uno, recurre a lo otro-, que obtuviera un placer secundario cuando se ponía malo después de un atracón, o que desee desquitarse de lo que no le dejaron hacer de pequeño o cualquier otra cosa, pero no lo hace por placer.
Cultivar el placer como estrategia preventiva.
El placer o los placeres se pueden educar para disfrutar más. Desde los ligados a las principales funciones corporales -degustar es algo más que comer-, hasta los ligados al disfrute estético o intelectual, o los que nos proporciona la interacción con otros, como por ejemplo, a través del arte de la conversación que tanto valoraba Epicuro. Cultivar los placeres es lo contrario de abusar, atiborrase o pasarse.
No hay placeres bajos y elevados; estamos hechos de materia, emociones, pensamientos, conductas, valores... por lo que lo más inteligente es combinar los físicos con los intelectuales y aquellos que realizamos nosotros mismos -por ejemplo, pescar- con aquellos que disfrutamos como espectadores -por ejemplo, escuchar música-.
Pero hablar de placer, de educación, de sensibilidad y de la felicidad nos remite al modelo cultural y educativo. No es lo mismo tener como objetivo potenciar al máximo nuestra sensibilidad, nuestras capacidades físicas, intelectuales, emocionales y relacionales como modo de alcanzar un desarrollo integral, armonioso y feliz, que prepararnos para la dinámica de consumir/competir/ganar, aceptando la lógica binaria del éxito o el fracaso. No es lo mismo preparase para una batalla o una competición que para sacarle partido a la vida disfrutando de nuestras potencialidades.
En los años 50/60 se demostró que algunas ratas que disponían de la posibilidad de autoadministrarse drogas podían llegar a tomarlas hasta morir. Otro experimento de los años 70/80 demostró que solo ocurría si las condiciones de experimentación obligaban a las ratas a vivir en jaulas pequeñas y solitarias. Si vivían en compañía de otras ratas en unas condiciones agradables (se construyó una especie de parque de recreo para el experimento), solo consumían de vez en cuando y no se enganchaban. Es más, algunas adictas enjauladas consiguieron desengancharse en el parque de recreo. Parece que en condiciones normales, los animales no se se exceden.
La idea de que todos deseamos el exceso pero nos reprimimos es falsa. Los que abusan y los adictos no se relacionan con el placer, sino que huyen del malestar, de la ansiedad o el aislamiento. Beber, comer, drogarse, comprar, consumir más allá de lo que se desea hasta hartarse o pasarse no es placentero, normalmente significa el fracaso de intentar quedarse justo en el punto en que sí lo es.

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jueves, 8 de junio de 2017

Los reincidentes en alcohol y drogas perderán el carné y serán evaluados por Sanidad

No hace falta que se vea envuelto en un accidente. Si da positivo en dos test de alcoholemia o drogas en un período inferior a dos años pasa a ser considerado un «adicto». El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ayer informó de que a los conductores reincidentes con dos sanciones de alcohol y drogas «les será retirado el permiso de conducir por falta de aptitudes psicofísicas y serán remitidos a la autoridad sanitaria». Los jefes provinciales de Tráfico les aplicarán la pérdida de vigencia del permiso y no tendrán que hacer los cursos de recuperación por puntos, sino rehabilitarse de su problema de dependencia de estas sustancias, tal y como adelantó LA RAZÓN en febrero pasado. Sólo entonces podrán volver a conducir.
La Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE), ayer informó de que el seis por ciento, aproximadamente 65.000 conductores que han acudido el último año a los cursos de recuperación total o parcial de puntos, era por alcohol o drogas. «He visto a gente que venía incluso con una botella en la mano cuando esto es un problema de salud pública, esta gente lo que en realidad necesita es desintoxicarse», dijo José Miguel Báez, presidente de CNAE. No obstante, también apuntó la convivencia de que estos conductores, una vez rehabilitados, hagan un «curso de mentalización» sobre los efectos del abuso de estas sustancias en la conducción.
La medida acordada ayer en el Comité de Seguridad Vial, dejaría fuera de la carretera a cerca de 20.000 conductores, según los últimos datos de la DGT, que no ha ocultado su preocupación por el hecho de que 17.160 conductores hayan sido sancionado dos veces en los últimos tres años y otros 1.854 en tres ocasiones en el mismo período por condicir con tasas de alcohol superiores a las permitidas. En el caso de las drogas, hay 932 ususarios con dos sanciones en los últimos tres años y otros 167 con tres. Las provincias que registran más infractores reincidentes por alcohol y drogas son Barcelona, Madrid, Sevilla, Pontevedra y Málaga.
Para llevar a cabo la medida que pretende la DGT no se necesita siquiera cambiar la legislación. El artículo 36 del Reglamento General de Conductores establece que las personas que abusen del alcohol o tengan dependencia o trastornos inducidos por esta sustancia no podrán renovar su carné.
«Pegasus» para vigilar adelantamientos a ciclistas
La DGT está especialmente concienciada con los colectivos más vulnerables, como los ciclistas. De hecho, prevé poner en marcha un plan especial de protección que incluye la vigilancia con medios aéreos y terrestres para reducir la siniestralidad. Según datos consolidados de 2015, los usuarios de bicicletas se vieron implicados en 7.186 accidentes en los que fallecieron 58 ciclistas, mientras que 652 resultaron heridos y hospitalizados. En lo que llevamos de 2017, 19 ciclistas han fallecido en las carreteras, cuatro más que en la misma fecha del año pasado. El ministro del Interior reunió ayer a la Asociación de Ciclistas Profesionales y a la Federación Española de Ciclismo para informarles de las medidas a adoptar. De momento, ya les pidió un mapa de las vías interurbanas más frecuentadas por los ciclistas con la intención de establecer una mayor vigilancia. Los helicópteros «Pegasus» se encargarán de comprobar que se respeta la distancia de seguridad de 1,5 metros para adelantamientos a usuarios de las dos ruedas y se coordinará con los agentes de Tráfico para comunicar la multa en el acto. Alfonso Triviño, portavoz de la Asociación de Ciclistas Profesionales, ayer confirmó que la DGT también está estudiando seriamente incorporar la figura del guardia civil camuflado de ciclista para sancionar a quienes no respetan la distancia obligatoria en adelatamientos, tal y como adelantó este periódico.
Reducción de velocidad
Tráfico reducirá los límites de velocidad en las vías más frecuentadas por ciclistas todos los fines de semana del año en horario de mañana.
Más controles
La DGT incrementará los controles de alcohol y drogas en entre las 7:30 y 8 de la mañana los fines de semana en aquellos carreteras convencionales que coincidan rutas ciclistas con la salida de discotecas o lugares de ocio. En concreto, se pretende aumentar en 100.000 los controles de alcohol y en 30.000 los de drogas.
Avisos a través de App
Comobity, la App gratuita de la DGT, avisará con antelación al resto de usuarios de la vía de la presencia de ciclistas en su recorrido.
Campañas
Tráfico hará una nueva campaña de concienciación antes del verano basada en testimonios reales de personas que han sufrido accidentes o de sus familiares.
Infraestructuras
Se pondrán en marcha medidas innovadoras para mejorar la seguridad de los ciclistas y aumentar la seguridad de los desplazamientos: señales inteligentes, marcas de separación de 1,5 m.
Causas penales
Los procedimientos sancionadores en materia de tráfico que acaben archivándose por la vía penal continuarán por la vía administrativa –cosa que no ocurría hasta ahora–, una demanda del colectivo ciclista.

Fuente: La Razón
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lunes, 5 de junio de 2017

La adicción al móvil y a los juegos de azar entra en los institutos de Dénia

Las nuevas tecnologías traen consigo adicciones desconocidas hasta hace bien poco. Los teléfonos móviles, internet o las redes sociales se unen a otras viejas conocidas como los juegos de azar, todos ellos al alcance de cualquier mano.
Con el objetivo de concienciar a los más jóvenes en el uso de las nuevas tecnologías, durante el segundo y tercer trimestre de este curso escolar 2016/2017, la Unidad de Prevención Comunitaria en Conductas Adictivas (UPCCA) de la Concejalía de Bienestar Social ha implantado dos nuevos programas relacionados con la prevención de la adicción al teléfono móvil (PrevTec 3.1) y los juegos de azar (Ludens) creados por la Universidad de Valencia y acreditados por la Conselleria de Sanidad de la Generalitat Valenciana.
Un total de 263 estudiantes de 3º de ESO y 1º de Formación Profesional Básica han participado en el programa PrevTec 3.1. Los objetivos del programa son informar sobre las adicciones tecnológicas (más concretamente en el teléfono móvil), sensibilizar sobre las consecuencias negativas de la adicción y entrenar en las habilidades necesarias para prevenir estos problemas adictivos. Se han utilizado recursos puramente educativos como son la exposición oral, debates sobre cuestiones planteadas en viñetas o testimonios en video, así como entrenamiento en autoregistros y habilidades para el autocontrol.
El programa Ludens, por su parte, se ha impartido en los meses de abril y mayo entre todos los grupos de 1º de Bachillerato y 2º de Formación Profesional Básica de los tres institutos, llegando a un total de 251 alumnos.
El alumnado ha recibido información y sensibilización sobre el problema de la adicción al juego, las características y los patrones de uso del juego de azar (tradicional y online) y la incidencia del juego problemático y la adicción al juego, a Además de reflexionar, mediante debates, sobre la adicción a los juegos de azar.

Fuente: Denia.com
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Los hombres quintuplican las infracciones al volante por alcohol y drogas de las mujeres

Los hombres cometen cinco veces más de infracciones de tráfico relacionadas con el consumo de alcohol y drogas al volante que las mujeres conductoras, cuya tasa de mortalidad es la mitad que la de los varones al volante.
Son algunas de las conclusiones del estudio "Mujeres conductoras en España.Implicación en accidentes de tráfico y comparación con los conductores varones", elaborado por la Fundación Eduardo Barreiros y la Universidad Politécnica de Madrid.
Con datos de la población extraídos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2011 a 2013, con los correspondientes a las expediciones del carné de conducir, el censo de conductores y las cifras de mortalidad y accidentalidad de los últimos diez años con análisis de 200.000 siniestros, el informe revela diferencias entre mujeres y hombres.
"La mujer respeta más la norma, no asume tantos comportamientos de riesgo que los hombres, y eso se traduce en menos accidentes y menos víctimas", ha asegurado antes de la presentación oficial del estudio en la Fundación Mapfre Blanca Arenas, una de las investigadoras.
Y en esas diferencias al volante los analistas han descubierto que, si los implicados en un accidentes son dos conductores varones, el resultado es más trágico, es decir, hay más muertes o los heridos son más graves que si ese mismo siniestro lo sufren dos automovilistas mujeres.
Además, ellos sufren el doble de accidentes que ellas, cometen cinco veces más infracciones por alcohol y drogas que las segundas, en tanto que tanto unos como los otros tienen un comportamiento similar en el caso de que su antigüedad al volante no llegue a los cinco años.
Por tipos de accidentes, la estadística estudiada también arroja diferencias, ya que los hombres se ven más implicados en atropellos, vuelcos y colisiones frontales, mientras que las mujeres superan los choques por alcance y las salidas de vía.
Es en las colisiones por alcance donde hay más diferencias. Las mujeres protagonizan más impactos de este tipo por diversas causas, que van, apunta el estudio, desde un tiempo de reacción mayor y mantener menor distancia de seguridad hasta frenar con menos intensidad si el vehículo que precede lo hace más bruscamente o tener menos atención.
Respecto a la velocidad, en todas las edades ellos incumplen más los límites, lo mismo que sucede con las infracciones relacionadas con las drogas y el alcohol.
A juicio de Arenas, conclusiones como estas pueden hacer reflexionar sobre políticas de formación a los conductores, pues se podría incidir en el respeto a las distancias de seguridad o en la percepción del riesgo.
Porque los hombres al volante, dice una de las ocho conclusiones, asumen más riesgo pero también perciben mejor las situaciones peligrosas que las mujeres. Ellas superan a los hombres en distracciones y en llevar caducada la ITV.


Fuente: Público
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