lunes, 22 de febrero de 2016

El deporte: factor de protección en el trabajo de prevención en adicciones

El deporte ha acompañado al hombre desde la antigüedad y a lo largo del tiempo han surgido muchos tipos diferentes de deportes, tales como deportes individuales, deportes colectivos, deportes extraoficialmente organizados, deportes extremos y deportes sumamente organizados y de élite. Estas diferentes clases de deportes pueden tener un efecto positivo en los individuos y en las sociedades de modos diferentes. La práctica deportiva está repleta de oportunidades y de factores positivos pero no podemos olvidar ni desdeñar los riesgos máxime cuando estos tengan que ver con las drogas.
Al pensar en las drogas podemos imaginar una sociedad sin adicciones pero es algo difícil de concebir y más si no se generan profundos cambios en el clima y en el tejido social. Revisando los estudios realizados en todo el mundo, los primeros contactos con las sustancias adictivas, sean estas legales o ilegales, se producen a edades cada vez más tempranas. Los jóvenes tienen cada vez más facilidad para consumir drogas y ellos son plenamente conscientes de esto. Contrariamente tienen muchas dificultades para encontrar su lugar en la sociedad y, en la mayoría de los casos, aparece la adicción como una señal palpable de carencias personales que se acentúan cuando la sociedad en su conjunto se trasforma en escenarios de crisis recurrentes.
Es prioritario dirigir la prevención a desarrollar programas que trabajen activamente sobre la ocupación del tiempo libre, anticipándose a la situación concreta de los consumos y las adicciones. Este trabajo de prevención sobre el ocio se puede hacer escuchando atentamente la palabra de los jóvenes y generando respuestas organizadas para evitar el ocio improductivo. Además teniendo en cuenta la demanda social y la necesidad familiar, social y cultural de cada niño o joven.
La práctica deportiva es un factor preventivo de protección con un coste muy bajo a nivel presupuestario y con unos altísimo beneficios a nivel personal y social. Al mismo tiempo es, para quien lo practica, una actividad que mejora la autoestima y educa disciplinariamente poniendo límites, y mejorando el sentido de auto eficacia. La práctica de deportes es un factor de protección en relación con el consumo de drogas, en tanto involucra el hacer del tiempo libre y el ocio, promoviendo un ocio saludable y positivo. De esta manera coincidimos con Brettschnneider (1999), que examinó los estudios científicos, y las investigaciones que han demostrado que el deporte para los jóvenes puede producir:
  • Mayor autoestima;
  • Mayor capacidad para hacer frente al estrés;
  • Mayor rendimiento en los estudios;
  • Mejores relaciones con la familia.
Pero no siempre el deporte es fuente de salud y un factor positivo de ejecución y crecimiento personal y grupal. Existen evidencias también de que el deporte puede ir asociado a otros aspectos negativos de la vida. Actualmente, comprobamos que el deporte puede conducir a:
  • Violencia, cuando una persona trata premeditadamente de herir a otra.
  • Tratar de eludir el cumplimiento de las normas mediante engaño.
  • Falta de respeto para los perdedores.
  • Situaciones en las que no todo el mundo tiene la oportunidad de participar.
  • Consumir drogas bien para mejorar los resultados deportivos o bien para festejar los mismos.

Es una evidencia, a día de hoy que determinadas prácticas deportivas como el ciclismo o el atletismo están vinculadas al consumo de sustancias “dopantes” en su afán por mejorar los resultados en la competición. Pero el consumo de estas sustancias también se traslada a la práctica de deportes recreativos y se realiza con fines puramente estéticos.
Tal y como estamos exponiendo la conexión entre las drogas y el deporte no se limita a los deportes de competición. Los estudios sugieren que incluso las personas que practican deportes de tipo recreativo pueden consumir drogas de modos arriesgados tal y como indican en su estudio Crabb (2000) y Zoccolillo y colegas (1999). El consumo de sustancias dopantes con el fin de “ganar fuerza y masa muscular” se efectúa sin controles médicos y puede llegar a ser muy peligroso para la salud de los deportistas-consumidores.
Recientes estudios de hombres y mujeres jóvenes que juegan en equipos de institutos de los Estados Unidos han demostrado constantemente que es más probable que estos jugadores beban frecuentemente, que abusen de la bebida (Leichliter, 1998; Nelson y Wechsler, 2001). De la misma manera al aproximamos al área de la educación secundaria, en Francia, la República Eslovaca y los Estados Unidos estos estudios muestran un panorama análogo. Los deportistas que cursan estudios secundarios son más proclives a consumir alcohol, cannabis, heroína, cocaína y estimulantes de tipo anfetamina (ETA) que los no deportistas.
Mientras que alguno de estos estudios indican que los deportistas jóvenes masculinos están más en riesgo que los deportistas jóvenes femeninos, otros indican que es igual de probable que las jóvenes utilicen drogas de modos potencialmente nocivos (Okruhlica y colegas, 2001; Taylor, 2001; Carr y colegas, 1996; y Ewing, 1998).

Tal y como estamos exponiendo en este artículo la práctica deportiva es un factor de protección frente al consumo de drogas aunque no está exento de riesgo por el propio consumo de sustancias en la práctica deportivo o fuera de ella. Por lo tanto es prioritario realizar programas de prevención donde el deporte sea una pieza clave en el engranaje preventivo. En estos programas se trabajará de forma sistemática la práctica del deporte que favorezca que los niños y jóvenes se vinculen para divertirse. A través de una actividad que mejore la auto-estima, eduque disciplinariamente e imponga límites y mejore la actitud general frente a la vida. También se considerará al deporte como una estrategia de cambio de bajo costo presupuestario y alto beneficio personal y social.
Una práctica deportiva-preventiva que contribuya a la construcción de la identidad de los jóvenes y con potencial para neutralizar parcialmente los factores de riesgos de las sociedades modernas tales como la inmediatez, o el consumismo. Un programa de prevención en el deporte perfecto debería no solo señalar y disminuir los factores de riesgo sino también aumentar los de protección y estimular las fortalezas de cada individuo, de cada barrio y de cada comunidad.


Enrique Madrid Tortosa – Psicólogo especialista en Adicciones.
UPCCA Ayuntamiento de Mislata-Fundación AEPA

Fuente: MVPsport

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