lunes, 18 de abril de 2016

¿Provoca adicción ver fumar en una película? La OMS asegura que sí

Hace unas semanas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denunció ante la opinión pública que el cine es una mala influencia para los jóvenes. En su informe Películas libres de humo, afirma que el 37% de este sector de la población de EE.UU fuma porque lo ha visto hacer en alguna película y que, además, millones de jóvenes de todo el mundo son inducidos a probar el cigarrillo por la misma razón.
Dicho organismo, que tacha al tabaco como "una de las mayores amenazas para la salud pública que ha tenido que afrontar el mundo", sospecha que las tabacaleras acuden al séptimo arte como el último espacio de promoción, burlando los controles a los que se enfrentan en otros medios ante leyes cada vez más duras. Los datos con los que trabaja la OMS son demoledores. Estima que existen sobre la faz de la tierra mil millones de fumadores, y que cada año mueren 6 millones de personas a consecuencia del tabaco (600.000 por estar expuestas al humo ajeno).
En cuanto al cine, diferentes investigaciones indican que en el 44% de las películas de 2014 rodadas en EE.UU aparecía alguien fumando, el 36% de las cuales eran aptas para menores. Asimismo, en el 59% de los mayores éxitos de taquilla entre 2002 y 2014 se veían imágenes vinculadas al tabaco de alguna manera.
Con toda esta información, los responsables de la OMS han optado por señalar al séptimo arte como factor de riesgo al propagar, a su juicio, el consumo del tabaco. Por eso proponen, entre otras medidas, que las películas en las que aparezca esta sustancia pasen a ser "no recomendadas" para el público más joven.

El cigarro: de la hombría a la marginalidad

El cigarrillo ha pasado de simbolizar hombría, sensualidad, determinación, independencia a ser motivo de sonrojo e, incluso, expresión de una trayectoria marginal. El séptimo arte no ha sido indiferente a esta redefinición conceptual, y ha consagrado a iconos que son difíciles de recordar si no es con un cigarro entre los labios.
Tal vez, Humphrey Bogart sea la primera de estas figuras que vienen a la memoria. Siempre aparecía en plano cigarrillo en mano, interpretando a personajes con los que encarnaba la masculinidad y el nihilismo del cine negro. Películas como Casablanca (1942) o Maldita Mujer (1947) son buena prueba de ello.
Otro icono masculino es James Dean, que quedó inmortalizado en las retinas de todo el mundo con su interpretación de Jim Stark en Rebelde sin causa (1955), en la piel de un joven que busca su lugar en el mundo. Eso sí, siempre en compañía de un cigarrillo sin filtro; resulta difícil imaginarse a Stark sin él.
Imposible avanzar por este recorrido estelar sin detenerse en la mítica interpretación de Fumando espero de Sara Montiel en El último cuplé (1957). Esta pieza cinematográfica fue uno de los mayores éxitos de la historia del cine español, a pesar de haberse rodado sin apenas presupuesto, y consagró a la actriz más castiza como una de las grandes figuras de Hollywood. Montiel interpretaba el tango fumando con boquilla, envolviéndose en una atmósfera de sensualidad y elegancia que reforzaban sus movimientos y su voz. Nunca se había interpretado la libido no satisfecha como lo hizo ella.
Una interpretación más reciente de sensualidad y feminidad envuelta en humo (y otras sustancias), es la chica a la que da vida Uma Thurman en Pulp Fiction (1994). Mia Wallace pone en un grave aprieto a Vicent Vega (John Travolta) tras cenar juntos por culpa de su afición a desvirtuar su realidad a través de las drogas. Algo parecido le sucede a Mark Renton (Ewan McGregor) en Trainspotting (1996). Lejos de conformarse con el cigarrillo, este joven heroinómano roba para conseguir su dosis diaria de heroína para así desvanecerse de todo cuanto le rodea. Por el contrario, el personaje anónimo que encarna Edward Norton en El club de la lucha (1999), que se consume calada a calada en su oficina, encuentra su vía de deshago a través de la violencia gracias al club de pelea clandestino que funda junto a su amigo Tyler Durden (Brad Pitt).

El tabaquismo como expresión de un problema

Los personajes de estas historias esconden tras de sí carencias y desmotivaciones que en muchos provocan una actitud de alejamiento hacia todo cuanto les rodea, con el consumo de tabaco y otras sustancias como expresión principal. El periodista y escritor británico Johann Hari apunta a esta hipótesis en su libro Tras el grito (2015), con un enfoque diferente sobre las adicciones.
Hari habla de los estudios que se hicieron con ratas aisladas en jaulas que terminaron rindiéndose a la droga que se les facilitó (cocaína o heroína diluida en agua), subrayando que no tenían acceso a otra clase de "comida" ni de distracción. Experimentos que chocan con los que realizó el psicólogo Bruce K. Alexander, que facilitó espacios abiertos y compartidos para estos roedores de laboratorio, además de diferentes juegos y alimentos. En estas condiciones, las ratas que probaron la droga evitaron volver a ingerirla.
Para reafirmar estos resultados, el periodista recurre a la experiencia de los soldados que combatieron en Vietnam, que consumían heroína de forma habitual en la zona de conflicto. Según mantiene, el 95% de los soldados adictos dejó la sustancia a un lado cuando regresaron a sus hogares, junto a sus seres queridos. De ahí que los indicios apunten a que el factor determinante es el entorno del individuo.
"El profesor Alexander", explica Johan Hari en un artículo publicado en el Huffington Post, "defiende que este descubrimiento es un profundo reto tanto para la visión de derechas de que la adicción es un fracaso moral debido a los excesos hedonistas, como para la visión liberal de que la enfermedad es una enfermedad que tiene lugar en un cerebro químicamente secuestrado. De hecho," continua argumentando, "defiende que la adicción es una adaptación. No eres tú. Es tu jaula", concluye con firmeza.
Si esto es cierto, significaría que el cine no es, efectivamente, un causante de que la gente comience a fumar cada vez a más temprana edad, sino que más bien ha reflejado una realidad sobre las adicciones que no se ha querido ver. Es decir, que si se ayudase a los jóvenes a encontrar una nueva manera de relacionarse consigo mismos y con el mundo, no habría que preocuparse por lo que ven o dejan de ver.

Fuente: El Mundo

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