jueves, 1 de septiembre de 2016

Burundanga: el drama legal de no ser creído

A los hospitales de la Comunidad Valenciana cada vez acuden más casos de mujeres que han sido violadas y únicamente recuerdan algunos flashes de los hechos ocurridos, o ancianos desorientados que, incomprensiblemente, han vaciado su cuenta de ahorro y entregado su dinero a un desconocido.
Se trata de situaciones que cada vez con mayor frecuencia llegan hasta los servicios de urgencias de hospitales y centros de salud. Detrás de ellos se halla una droga que ya es más que una leyenda urbana: la burundanga o escopolamina. Fácil de conseguir. Se vende a muy bajo precio en internet. Su inhalación o ingesta anula la voluntad. La persona no es dueña de sus actos y se somete dócilmente a las órdenes. Aunque lo más insólito es que desaparece del organismo sin dejar rastro e impide ser establecida como prueba en las acciones judiciales.
La mayoría de ocasiones los testimonios de los afectados se quedan en sospechas de médicos, psicólogos y especialistas. Y los que se llegan a denunciar es muy complicado que acaben en condena. La clave del problema es que el rastro de la burundanga se pierde entre las dos y las seis horas posteriores al consumo. Si en este tiempo no se ha realizado una analítica, la víctima no tendrá una prueba definitiva. El testimonio de la persona intoxicada por esta sustancias estará empañado por las imprecisiones y las lagunas de memoria que la droga provoca.
Para actuar con la celeridad necesaria, los especialistas destacan la necesidad de establecer un protocolo de actuación, compartido por las fuerzas de seguridad y los hospitales, para los casos de delitos en los que existe una sospecha del uso de drogas de sumisión química. De hecho, ya se van introduciendo en algunos hospitales españoles de forma experimental. Una tendencia que los expertos piden que se amplíe a todos los centros clínicos.
Para el médico especialista de Urgencias de Atención Continuada de Valencia Germán Esparcia la aparición de este tipo de drogas se ha convertido en un problema «porque no se manifiestan como tales». Esparcia confiesa que en las asistencias «se ven muchos casos de intoxicación» y hay víctimas de agresiones que confirman que han sido drogadas y que no recuerdan nada «pero como la acción de la burundanga o del ácido gamma-hidroxibutírico es muy corta desaparece muy rápido del torrente sanguíneo y no hay forma de certificar la presencia de estos estupefacientes».
De ahí que por mucho que las víctimas de agresiones sexuales afirmen que han sido intoxicadas con drogas, «si no hay evidencia con pruebas químicas sólo se queda en una simple sospecha», destaca Esparcia.
Por otro lado, los juristas reclaman una reforma del Código Penal ya que, actualmente, el uso de drogas de sumisión química no se considera un agravante en la comisión de delitos.
El director de Domingo Monforte Abogados Asociados, José Domingo Monforte, considera que es «indiscutible» que el uso de la burundanga o la escopolomina plantea «una dificultad probatoria en un proceso penal que gravita en torno a una presunción de inocencia favorable al acusado».
De ahí que el abogado valenciano proponga una «mejor coordinación» en la atención sanitaria y policial para cimentar las sospechas y convertirlas en «declaraciones sólidas» que podrían alcanzar «la condición de prueba de cargo suficiente para enervar la presunción de inocencia en un proceso penal».
«Todo ello sin descartar que el conjunto de indicios plurales unidos a la declaración sincera de la víctima, valorando sus hábitos y comportamientos anteriores, sirva para lograr una condena», según Domingo Monforme, quien confirma que se convierte en «necesaria una revisión del Código Penal que contemple la sumisión química como agravante muy cualificada en el abuso de las relaciones de los hechos que se juzgan».
Las últimas sentencias demuestran la dificultad de hallar que la causa efecto de la agresión haya sido la utilización del burundanga. Por ello, la totalidad son sentencias exculpatorias.
Una muestra del estado de alegalidad es la última sentencia que dictó la Audiencia Provincial de Castellón sobre una violación perpetrada, según la víctima, con la droga burundanga.
Los hechos se produjeron en un pub castellonense de la Vila-Vella el 19 de noviembre de 2011. A las 4 de la madrugada, dos hombres le proponen a una joven que había bebido mucho salir a fumar unos porros. Una proposición a la que la chica accedió. Posteriormente, subió voluntariamente a su coche y la llevaron hasta un lugar apartado, a las afueras del pueblo. Entonces le proporcionan marihuana que ella consume y mantuvo relaciones sexuales con uno de los hombres en varias ocasiones durante la noche.
La denunciante no opuso resistencia durante los actos sexuales, pero después, en su declaración ante el juez confirmó que nunca dio su consentimiento y que apenas recuerda lo que ocurrió. La joven sospecha que el porro que fumó contenía burundanga o escapolamina, la droga capaz de anular la voluntad. Pero este extremo nunca pudo ser probado. Y el supuesto agresor fue absuelto por la Audiencia Provincial de Castellón.
El juez absolvió al denunciado y basó su argumentación jurídica en la ausencia de pruebas tanto sobre que el acusado utilizara la violencia o intimidación para mantener relaciones sexuales como sobre la falta de consentimiento de la supuesta víctima.
Más allá de la verdad que esconden los hechos juzgados, esta sentencia invita a una reflexión sobre el uso de drogas que provocan la sumisión química de la víctima para cometer delitos tales como robos, agresiones sexuales o tendencias suicidas.

FUENTE: El Mundo

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