lunes, 6 de febrero de 2017

Oferta y demanda en el mercado de las drogas


Aunque la lucha contra el tráfico de drogas es, en general, intensa en todos los países y las penas que el narcotráfico conlleva suelen ser cuantiosas, no parece que las cosas hayan cambiado mucho en lo que se refiere al control y mitigación de esta actividad ilegal. Lejos de verse reducido, el negocio del narcotráfico ha seguido creciendo a pesar de todas las medidas pensadas para combatirlo. De hecho, a día de hoy, parece más floreciente que nunca, como lo atestigua que las ganancias generadas por esta industria sean de alrededor de medio billón de dólares al año, según el Programa de la ONU para la Fiscalización de las Drogas. Otros cálculos similares estiman que el volumen de negocio que representa el tráfico y el comercio de drogas es equiparable al del turismo internacional.¿Por qué es tan difícil erradicar el negocio de las drogas ilegales? Una explicación plausible puede residir en que la lucha contra el narcotráfico se centra en contraer lo más posible la oferta de drogas y se desentiende totalmente del lado de la demanda, a pesar de que el consumo de drogas es ilegal en la mayoría de los países. En particular, los mecanismos de lucha antidroga aumentan el coste de traficar con drogas al incluir el riesgo de ser cazado por la policía, de ser encarcelado, de ver confiscado todo o una parte del patrimonio e incluso, en algunos casos, de ser condenado a muerte.Esta actuación en el lado de la oferta hace que la cantidad de droga ofrecida en el mercado, a un precio dado, disminuya. Y si esta política no tuviese efecto sobre el precio de las drogas, es decir, si el precio continuase siendo el mismo que antes de la política de actuación, se produciría una reducción de la cantidad de droga ofertada en el mercado equivalente al desplazamiento de la curva de oferta.Lo anterior, sin embargo, no es cierto. Cuando la oferta de drogas se contrae, el precio de las drogas aumenta a lo largo de la curva de demanda. Ello hace que la reducción de la cantidad ofrecida de drogas sea menor que la que se produciría si las drogas se vendiesen al precio de antes de la política de actuación. Dicho de otra forma, la reducción que se produce en la cantidad ofrecida de drogas es mucho menor que el desplazamiento de la curva de oferta debido a las medidas de lucha contra el narcotráfico.Y tan pronto como el precio de mercado de las drogas aumenta, muchos proveedores potenciales se ven animados a traficar con ellas y asumir el riesgo que tal negocio conlleva. En definitiva, las políticas antidroga suben el precio de las drogas a los consumidores, pero apenas disuaden su consumo, especialmente si la demanda es relativamente independiente del precio.Algunos opinan que para solucionar este problema, las políticas antidroga deberían enfocarse más en la demanda (y no tanto en la oferta) a través de programas educativos e informativos sobre el consumo de drogas. Si estas medidas funcionaran, la demanda se reduciría. Otros opinan que ciertas drogas deberían legalizarse, pero con la condición de que estuviesen sujetas a una fuerte imposición. Claro que cualquiera de estas medidas no tendría en la opinión pública los efectos publicitarios de las incautaciones que, de vez en cuando, consiguen los servicios de lucha contra el narcotráfico.

Fuente: La Voz de Galicia
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jueves, 2 de febrero de 2017

Jóvenes aislados por sus adicciones


Adicciones relativamente nuevas que llegan para quedarse. El tradicional casino no desaparece, pero ahora la tecnología acerca a los jóvenes más que nunca nuevas formas de jugar y apostar. La Asociación de Ludópatas Jiennenses en Rehabilitación (Alujer), hace un llamamiento a la precaución con un colectivo que cada vez comienza más pronto a jugar.

«Ahora prevalecen sobre todo los juegos online. Tienen fácil acceso, pueden hacerlo 24 horas desde el móvil o la tablet. En Internet, las apuestas deportivas y el póker online son los más utilizados», destaca María Dolores Guerrero, trabajadora social de Alujer, quien añade que aproximadamente «un dos por ciento de la población española» padece algún tipo de adicción al juego. En Jaén, Alujer atendió el pasado año a 115 personas con adicción. Aparte de esta nueva moda online, los salones de juego siguen atrayendo a adolescentes, que en bastantes ocasiones no encuentran problemas de acceso pese a no tener la mayoría de edad. «Hay un serio problema con los menores, y es que empiezan con el juego en estos centros en los que tienen el acceso prohibido. Y si no les dejan entrar, recurren a coger prestado el DNI de otras personas», denuncia la trabajadora.

Dentro de estos salones de juego, la ruleta es el plato estrella porque les permite realizar «apuestas muy bajas», por lo que «muchos van en sus descansos de clase» a jugar. «Cada vez empiezan más jóvenes. Ahora con 16 años o incluso 15 ya están jugando», señala María Dolores Guerrero.

Aunque en menor medida que en el juego online, el móvil y las redes sociales, especialmente WhatsApp y Facebook, son también adiciones presentes en los jóvenes de hoy en día. «El excesivo uso del móvil puede derivar en adicción, estamos en conducta de riesgo porque dedicamos más tiempo al móvil que a estar con las personas. Hay que utilizarlo para comunicarse y no para incomunicarse, ya que perdemos habilidades sociales», señalan desde Alujer. Ya sea por las redes sociales, el móvil o el juego online, los problemas para relacionarse son severos, puesto que «van abandonando a sus amigos y acaban jugando solos», recalcan desde la asociación.

Prevención en el juego

Con el fin de reducir el «uso inadecuado y abusivo» de los juegos de azar entre la juventud y concienciar a padres, madres y personal docente de la importancia que tienen como agentes de prevención nació el programa Cubilete. Este proyecto, promovido por Alujer con la colaboración de la Diputación de Jaén, ha llegado durante este curso a nueve institutos y a más de 1.500 alumnos.

Alujer manifiesta que el año pasado atendió a un total de 115 personas en su asociación. Un 96 por ciento eran hombres y un 4 por ciento, mujeres. En cuanto a la franja de edad, el pasado año Alujer atendió a personas de más de 45 años (36 por ciento), seguido en la misma proporción por las franjas de edad de 18 a 25, 26 a 30 y 31 a 40 (16 por ciento); de 41 a 45 años (12 por ciento) y menores de 18 (4 por ciento).

Desde Alujer apuntan a que son numerosos los problemas que pueden derivar de este tipo de adicciones. María Dolores Guerrero señala «el abandono de los estudios, del trabajo, la pérdida de la valoración del dinero, problemas de relación con los demás, mentiras, ansiedad o nervios» como algunas de las principales consecuencias de la ludopatía.

Sin embargo, la consecuencia más directa de este tipo de adicciones es el problema económico. Además de la palpable pérdida de dinero causada por el juego, se suma un factor que agrava la situación notablemente: los robos. «Muchos suelen cometer pequeños hurtos para poder seguir jugando. Utilizan dinero de sus propios ahorros y si no, roban a sus padres», señala la trabajadora social de Alujer. Y es que los padres son, en la mayoría de los casos, los grandes ignorantes de las adicciones de sus hijos, ya que «desconocen» que realmente tengan un problema con el juego.

La cura es posible

Pese a los negativos datos aportados por Alujer, desde la asociación aseguran que la ludopatía «tiene cura» con tratamientos tras los cuales «siguen en abstinencia y nunca vuelven a jugar». En cuanto a este proceso, en Alujer acogen aquellos que dan el paso para acudir en busca de ayuda, «les toman nota y los psicólogos realizan un diagnóstico de si tienen un problema o sólo están en situación de riesgo». Si se determina lo segundo, se inicia el tratamiento, con diferentes grupos de autoayuda que van subiendo de nivel conforme se alcanzan los objetivos. Tras finalizar reciben el alta y acuden al centro una vez al mes, pudiendo también comenzar a ser monitores en la asociación para ayudar a otros con sus experiencias. Los medicamentos, subrayan desde Alujer, se utilizan sólo en ciertos casos por recomendación médica, y suelen ser «depresivos para la ansiedad».

Las familias son unas sufridoras más del proceso y deben, según apuntan desde Alujer, recibir también apoyo psicológico. «Al bajar la edad de los afectados casi siempre vienen acompañados de sus padres o pareja. Los familiares reciben la misma atención, con grupos de autoayuda y tratamiento psicológico y social. También ellos tienen que superarlo, porque el problema les afecta por la pérdida de dinero o comunicación con la persona», concluye María Dolores Guerrero. El pasado año trataron a 120 familiares, cifra mayor que las 115 personas afectadas por ludopatía puesto que los afectados suelen acudir acompañados de una o dos personas.

Fuente: Ideal
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