jueves, 23 de marzo de 2017

La adicción al juego va ligada a otros trastornos y se dispara entre los jóvenes

Se las conoce como adicciones conductuales. No hay una sustancia concreta a la que engancharse, como ocurre con las drogas, pero sí se produce en la persona una dependencia similar a las provocada por la ingesta de estupefacientes. La adicción conductual se ha hecho más visible en una sociedad rendida al uso de las nuevas tecnologías, donde la adicción al juego ha encontrado un nuevo filón. El ordenador o los teléfonos inteligentes son la herramienta, como lo es la jeringuilla para el adicto a la heroína o el bar para el alcohólico. Así que el origen del problema de estas adicciones modernas provocadas por las nuevas tecnologías no está en esos aparatos que nos hacen la vida más fácil, sino en el contenido que corre por ellos o las infinitas posibilidades que nos ofrece la red. Así lo afirma Ignacio Busarte, psiquiatra y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD)
La adicción conductual es la percha elegida para los debates y ponencias del I Congreso Mundial de la World Association of Dual, que bajo el paraguas de la SEPD se celebra estos días en Madrid. Y el juego patológico cobra en estas jornadas un protagonismo especial. ¿Por qué? Responde Ignacio Busarte: “El juego patológico está incluido en la clasificación de adicciones por las evidencias neurocientíficas que permiten equipararlo a la adicción de cualquier sustancia. Y esa adicción es entre dos y cuatro veces más frecuente entre jóvenes de edades comprendidas entre los doce y diecisiete años que en adultos”. Otra advertencia lanzada por Busarte: “Entre el diez y el catorce por ciento de esos adolescentes corren el riesgo de desarrollar una adicción al juego en la vida adulta”.
Los expertos han constatado que para padecer una adicción de este tipo –aquí se incluyen además del juego patológico, las compras compulsivas, la dependencia de internet o el consumo de pornografía– debe producirse lo que los expertos denominan “patología dual”. O lo que es lo mismo, “este tipo de adicción va ligada en la mayoría de casos a otros trastornos mentales”, asegura Ignacio Busarte. Ansiedad, hiperactividad, comportamientos obsesivos y convulsivos, déficit de atención... Son algunos de los trastornos previos que favorecen la adicción conductual. Así que para combatir el problema, añade este psiquiatra miembro de la SEPD, “hay que trabajar más en la prevención, en detectar a tiempo esos ­trastornos en adolescentes para tratarlos antes de que sea demasiado tarde”. Si esa dependencia está relacionada con el uso del ordenador o el teléfono, retirar esos aparatos no es la solución. Pero no hay metadona que supla la dependencia a las nuevas tecnologías –como en los casos de drogadicción–, así que la batalla debe centrarse en el diagnóstico precoz o control de los contenidos de la red que consume esa persona con riesgo.
En lo referido a la adicción a internet (otro tema tratado en estas jornadas) , el problema no son las horas de uso de esas tecnologías. “Lo determinante es el grado de interferencia que el tiempo dedicado a ellas causa en la vida cotidiana”, indica Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco.
Hay una lista de alertas que avisan cuando el uso de internet pasa a convertirse en adicción. La persona que padece ese problema suele autoengañarse y miente cuando se le pregunta cuántas horas ha estado conectado. Los expertos aconsejan actuar cuando el uso de esas tecnologías roba horas de sueño, descuida actividades importantes del día a día, surge irritación cuando uno no se puede conectar o esa persona se aísla del mundo real, no rinde en sus estudios y sólo se relaciona por el mundo cibernético.

Fuente: La Vanguardia

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